• Paul Krugman y su desprecio de la teoría económica heterodoxa – Por Steve Keen – Mayo 2014

    Paul Krugman y su desprecio de la teoría económica heterodoxa

     

    *Por Steve Keen

    11/5/2014

     

    En una de las últimas entradas en su blog, Paul Krugman menosprecia a los economistas heterodoxos–y a los estudiantes de la Universidad de Manchester que abogan por un cambio en los programas de estudio de economía- por querer una transformación fundamental en la teoría económica.

    Krugman dice en su última entrada, la Frustración de la Heterodoxia:

     “Está es la historia que se cuentan a ellos mismos: la incapacidad de los economistas a la hora de predecir la crisis económica global (y la pobre respuesta en términos de política económica a ella), además del aumento de la desigualdad, demuestra el fracaso del análisis económico convencional. Así que ha llegado la hora de destronarlos –básicamente, todo el edificio construido desde el libro de texto de Samuelson de 1948- y dar a otras escuelas de pensamiento el mismo espacio de tiempo en los programas.

    Desafortunadamente para la heterodoxia (y podría decirse que para todo el mundo), esta versión de la historia es casi completamente errónea.

    Es cierto que los economistas no fueron capaces de predecir la crisis de 2008 (y casi todo el mundo). Pero no fue por falta de herramientas para entender lo que acontecía – desde hace mucho comprendemos bastante bien la lógica de las crisis bancarias. Lo que ocurrió fue un fallo de observación del mundo real, un fallo a la hora de darse cuenta de la creciente importancia del sistema bancario en la sombra.

    Los economistas miraron a los bancos convencionales, vieron que estaban protegidos por seguros de depósitos, y no fueron capaces de darse cuenta de que más de la mitad del sistema bancario ya no funcionaba de ese modo. Fue un caso de miopía, pero no fallo conceptual importante. Y tan pronto como la gente reconoció la importancia del sistema bancario en la sombra, todas las piezas del puzzle encajaron: estábamos ante una crisis financiera clásica.

    Los acontecimientos también mostraron la debilidad de una teoría económica que valora ante todo los micro fundamentos basados en comportamientos super-racionales, por encima de las evidencias. Pero la heterodoxia quiere más que eso, quiere interpretar los acontecimientos recientes como una refutación de la economía de

    Simon Wren-Lewis o de Janet Yellen, o Larry Summers (como economista, no como funcionario público). Esta interpretación simplemente no funciona. Por supuesto que hay que defender las ideas heterodoxas si se cree que son correctas. Pero no se deben utilizar como argumento unos hechos que en realidad no responden al guión que te hubiera gustado”.

     

    Así es como Krugman tira a la basura lo que considera “una creciente frustración por parte de los economistas heterodoxos” como Tom Palley, y los estudiantes de la Universidad de

    Manchester (A post-crash manifesto to rebuild economics) sobre la incapacidad de la teoría

    económica para cambiar tras la crisis financiera.

    Chicos y chicas, no hay necesidad alguna de cambio: la economía ortodoxa tiene todo bajo control. Fracasamos a la hora de comprender y pronosticar la crisis solo porque no fuimos capaces de ver la trampa del sistema bancario en la sombra. Una vez que nos dimos cuenta de este error de observación, tuvimos todas las herramientas necesarias y supimos que hacer.

    (Oh, y lo que los rebeldes dicen que pasó, no ocurrió de ninguna manera, ¡así es!)

    Como es habitual, el razonamiento de Krugman es claro, plausible, pero erróneo. La principal

     razón por la que la economía ortodoxa sobrevivió al desafío de la crisis financiera global no es por su fortaleza teórica, sino por su irrelevancia.

    No necesitamos la teoría económica para construir economías: han evolucionado y funcionado

    (y mal funcionado) incluso cuando la teoría económica (la ortodoxa o la heterodoxa) no existían. La mayor parte del tiempo, el papel de la teoría económica es simplemente ofrecer una narrativa que auto justifique el propio sistema social: la economía ortodoxa hace un buen trabajo en este sentido. Pero condena a la teoría económica a una tremenda inercia, porque solo cuando la economía funciona realmente a la gente le preocupa la teoría económica

    Por otro lado, sí necesitamos ingenieros para construir puentes, carreteras o aviones. Si la teoría de la ingeniería estuviera equivocada en algún aspecto fundamental, la gente se daría cuenta rápidamente de la necesidad de un cambio –y lo exigiría.

    Así que la frustración que los economistas heterodoxos sienten es la frustración que surge del intento de tratar de mover ese casi inamovible objeto intelectual. En los 60, los economistas críticos fueron capaces de demostrar los fallos de la economía neoclásica, como el mismo

    Samuelson admitió:

     

    “Si todo esto causa algún dolor de cabeza a los nostálgicos de las viejas parábolas de los escritos de los neoclásico, debemos recordarnos que los académicos no nacieron para vivir una vida cómoda. Debemos respetar, y evaluar, los hechos de la vida”.

    ¿Pero qué pasó? ¡Nada!

    Décadas después, las mismas parábolas infantiles son enseñadas en los libros de texto como el de Krugman, que se deriva del Samuelson original, sin mención alguna de que aquellas viejas parábolas fueron alguna vez cuestionadas.

     

    Mi conclusión de esta historia es que la única oportunidad real de provocar un cambio fundamental en la teoría económica acontece durante las crisis. Pero la experiencia de la Gran

    Recesión ha mostrado que incluso no es suficiente para desalojar a la ortodoxia.

    Un factor importante es la la existencia de economistas progresistas en los margen de la ortodoxia, especialmente economistas de tipo Krugman.

    ¿Cómo puede algún economista ser ortodoxo y no serlo al mismo tiempo? Porque el núcleo de

    la ortodoxia es la escuela de Chicago, con su visión de la competencia perfecta entre

    empresas, agentes hiper-racionales y la perversa fantasía de que “la economía está siempre

    en equilibrio, incluso durante la Depresión”.

     

    Esta ortodoxia fue la fuente de los argumentos que Krugman describe como “doctrinas exóticas”, que conducen a políticas erróneas, como imponer la austeridad creyendo que es expansiva. Krugman proclama que “los políticos no basaron sus decisiones en la economía convencional. Por el contrario, decidieron ignorar los libros de texto de macroeconomía y abrazar doctrinas exóticas como la austeridad expansiva”.

    ¿Sí?, perdón pero, “esto está todo mal”. Esta “exótica doctrina” no vino de la izquierda (¡más bien de la derecha!), sino directamente del corazón intelectual de la ortodoxia económica.

    La austeridad fiscal expansiva puede rastrearse hasta llegar a Robert Barro y su argumentación de que la gente responde a un incremento del gasto público gastando menos, por lo que pueden ahorrar para legar a sus herederos una herencia que les permita pagar mayores impuestos en el futuro. Barro escribió en 1989:

     

    “Un red intergeneracional de transferencias hace que la típica persona sea parte de una familia amplia que se extiende indefinidamente. En este sentido, los hogares capitalizan la totalidad de los impuestos futuros previsibles, y por tanto planifican de manera efectiva en un horizonte temporal infinito.”

     

    (Por cierto, si todo esto suena a pura mentira, es porque es así). Krugman podría clamar en contra de semejante insensatez en público y defender una política expansiva durante la crisis, pero aparte del propio modelo IS-LM, las herramientas que usa fueron desarolladas por ultra ortodoxos como Barro: expectativas racionales, teoría del equilibrio general, el paquete completo.

    Si estos ultra-ortodoxos hubieran sido la economía convencional, la necesidad de un cambio drástico en el núcleo de la teoría economía hubiera sido obvio. Pero en vez de eso, el razonable Krugman es la cara pública de la ortodoxia económica. Sigue utilizando el núcleo de

    la ortodoxia económica, pero es lo suficientemente hábil para añadir ciertas desviaciones –competencia imperfecta, fricciones que ralentizan la marcha hacia el equilibrio y cosas así para parecer más realista. El resultado de esto es que una vez que la crisis haya pasado, sobrevivirá todo el núcleo de la teoría económica ortodoxa, con algunas pequeñas variaciones.

    Esto es lo que pasó en la Gran Depresión, cuando John Hicks jugó el papel de ser la cara aceptable de la inaceptable economía ortodoxa con su modelo IS-LM (que el mismo acabó repudiando).

    Cuando pasó esa crisis, la ortodoxia trabajó para deshacerse de las pequeñas variaciones introducidas por Hicks, así que cuando la actual crisis estalló, el núcleo de la teoría económica ortodoxa fue incluso más delirante que contra la que Keynes arremetió en los años 30.

    Hoy en día, Krugman juega el papel de Hicks. Su economía ortodoxa “rara” actúa como un freno intelectual para detener el total abandono del núcleo central de la economía ortodoxa.

    ¿Está la historia repitiéndose? ¿Usará la ortodoxia el margen que tiene para, después de la crisis, deshacerse de las pequeñas variaciones de Krugman?

    Lo intentarán, pero no creo que lo consigan, ya que como Mark Twain observó, la historia no se repite dos veces, aunque a veces se parece.

    Después de la Segunda Guerra Mundial, la teoría económica ortodoxa tuvo seis décadas de relativa tranquilidad en la que reestructuró su visión del capitalismo como una nave auto gobernada, en lugar de la visión de Keynes de “un sistema sujeto a repentinos y violentos cambios”.

    No tendrán seis décadas esta vez, porque la burbuja de deuda privada cuya explosión causó la crisis –y que la ortodoxia y la economía convencional ignoraron- es gigante, más de cuatro veces el nivel que tuvo a comienzos del periodo de posguerra, incluso después de seis décadas de desapalancamiento.

     

     

    ¿Qué decir de la altanera pretensión de Krugman de “no se deben utilizar como argumento unos hechos que en realidad no responden al guión que te hubiera gustado”? La crisis siguió bastante los esquemas de la economía heterodoxa.

    A partir de balances sectoriales, Wynne Godley y Randy Wray defendieron que una fuerte crisis vendría tras lo que economistas convencionales como Ben Bernanke llamaron “La Gran

    Moderación” y lo que Godley y Wray llamron “La Economía de los Ricitos de Oro”. Partiendo del trabajo de Minsky sobre la deuda privada, he argumentado que la crisis comenzaría cuando la tasa de crecimiento de la deuda privada descendiese (ver la línea azul en la Figura 1)

    Esto no importa ahora. La economía ortodoxa a sobrevivido al reto de la Gran Recesión, y volverá a ignorar la críticas heterodoxas, como siempre ha hecho, excepto durante los tiempos de crisis. Pero dado la fragilidad de la economía, por los altos niveles de deuda privada, no creo que falte mucho para que la batalla vuelva a comenzar.

     

    Steven Keen es un economista matemático australiano de formación keynesiano-marxista que ha trabajado en los últimos años en modelar matemáticamente las premonitorias intuiciones de Hyman Minsky sobre la dinámica del capitalismo financiero actual. Autor de Debunking Economics, en 2010 le fue concedido el Premio Rovere de teoría económica por la capacidad de sus modelos matemáticos dinámicos para predecir la crisis financiera de 2008.

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